Un
encuentro. Uno planeado. ¿Para qué más coincidencias? Bastan con las
señales casuales que me topo por ahí, las que tengo que ignorar. Esto
era planeado, y no por nosotros sino por las circunstancias. ¿Otra señal
del destino? Quién sabe. Yo sigo negada a creer en destino hasta que
éste me pruebe que es para unirnos y no para jugar con lo que pueda
llegar a sentir "El destino se lució y una broma me gastó..." Dicen por ahí. Por
ahora trato de disfrutar dichas circunstancias. Ah, no quisiera volver a
caer en el jueguito bobo que ya he jugado. En el que he perdido. Me
niego a volver a él. Me niego, pero tengo todas las fichas en posición.
Me niego pero quiero jugarlo. Lo hago de forma inocente. Como un juego
de niños, esperando a ver qué fichas se mueven porque en esto jugamos
los dos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario